Pájaros

El padre de Picasso, mi padre, yo.

Bird: El inglés volando está lleno de… ¡pájaros! Mi elección no fue a voleo. El padre de Picasso y mi padre tienen mucho que ver. Y bueno, mis experiencias y gustos personales.

¿Has estado en Málaga alguna vez? Si has estado, probablemente has visitado el Museo Picasso. A mí me encantó. La exposición es muy completa. Comprendes lo precoz que fue el pequeño Pablo. Se puede ver la obra que le permitió entrar en la Academia de Bellas Artes cuando tenía solo 14 años. Le pusieron la máxima nota por este pequeño cuadro por la maestría en el manejo de la luz, la composición, etc. Por otro lado, se puede ver que ya era muy mayor y todavía estaba intentando pintar como un niño… Me encanta uno que se llama Bañista (1971). ¡Ya tenía 90 años!

Simplificar es tan difícil…

Si eres de los que no se hartan de Picasso y todavía tienes tiempo en Málaga, puedes ir a la casa donde vivió cuando era un niño. Por desgracia, no hay mucho que ver allí; sin embargo, la visita completa la visión del artista y es útil para tener un poco más de perspectiva.

Todo el mundo sabe que el padre de Picasso era pintor, y no era malo. Era profesor y él mismo enseñó a su hijo.

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La diferencia es que la cabeza de Pablo no era la de un profesor: Él era un genio. Fue capaz de ir mucho más allá de las enseñanzas de su padre. En una de las habitaciones de la casa, se puede ver un cuadro grande muy bonito de D. José Ruiz de un grupo de palomas. Digo que es muy bonito porque a mí me gustan las palomas como están pintadas ahí, con su suave murmullo. Nunca tendremos la oportunidad de entrevistar a este hombre, pero para mí está claro que le gustaban mucho los pájaros, y que Pablo heredó el amor por ellos.

Cuando era un niño, nuestro genio tenía que repetir los ejercicios que le mandaban que hiciera: Pintar pájaros, pintar patas, etc. No era realmente cosa suya. Sin embargo, hay una cantidad de estos animales que pintó siendo ya adulto. En esta casa se puede ver una serie de dibujos de un mochuelo. Hay una especie de historia de amor entre Picasso y este pájaro. Parece que el animalito tenía algún problema y él lo cuidó durante un tiempo. Se hicieron amigos: Las puertas y las ventanas estaban abiertas, pero no se iba. Y así, le petit hibou llegó a ser el protagonista de muchos dibujos. No era un perro. No era un gato. Era un animal que su padre le había enseñado a amar: Un pájaro. Cuando entendí esto, muchas cosas encajaron en mi cabeza.

A mi padre le han gustado las palomas desde niño. Él, ateo convencido desde muy temprana edad, se hizo monaguillo por amor a las palomas. Ser ayudante del cura era la única manera de poder acceder a la torre de la iglesia cerca de su casa. ¡Ahora las podía ver desde cerquita! Al final, le dejaron que tuviera su propio palomar en casa. Siempre ha sido su amigo, no su dueño. Las alimenta y les ofrece un sitio seguro donde pasar la noche, pero siempre están libres durante el día. Si amas algo, tienes que dejarlo libre…

Me acuerdo del palomar cuando era pequeña. Mi hermana y yo aprendimos cómo de delicadamente baila el macho alrededor de la hembra cuando quiere una novia, cómo de indefensos son los pichones, cómo llamarlos con el silbido correcto… Me acuerdo de una paloma hembra que se murió de amor. No quería comer ni beber porque el macho que ella quería no bailaba alrededor de ella…

En cuanto a mí, bueno, yo no soy Picasso, pero sé cómo se siente que tu padre siembre en tu cabeza la semilla del amor por los pájaros. Es algo que puede brotar inmediatamente o, como en mi caso, después de muchos años; pero lo que es seguro es que vas a descubrir el milagro en ti. Se desarrollarán raíces profundas y las ramas crecerán mucho más altas de lo que crees. Seguro que habrá un día en el que mirarás a un pájaro y descubrirás que es igual que tú. Hay una vida que vivir, más o menos afortunada, ya seas persona o pájaro. Hay nidos/casas que construir y limpiar, hijos que proteger, amigos con los que charlar, enemigos por los que preocuparse. Una muerte final a la que mirar.

Picasso y su padre, mi padre y yo: Todos somos pájaros.

 

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