Venecia (o cómo empezar a escribir un libro).
¿Alguna vez has soñado con escribir un libro? ¿Te imaginas empezarlo en Venecia? Eso es lo que me pasó a mí. Parece un sueño, pero ¿de verdad lo fue? No estoy segura. Así nació Bird: El inglés volando.
Era enero, un mes que la mayoría de la gente descartaría automáticamente para un viaje romántico a Venecia. La imagen que tenemos la mayoría de los gondoleros cantando bajo el cielo azul se pone borrosa en invierno. ¿Pero qué vas a hacer si tu aniversario es justamente a mediados de enero? No es algo que puedas arreglar. Sin embargo, pensándolo mejor, este tipo de inconveniente puede ser un aliciente. Piensa en el frío que hace que te abraces más a tu pareja. Piensa en la niebla haciendo los canales más románticos…
Yo no estaba pensando en escribir un libro. Todavía no.
En un abrir y cerrar de ojos era hora de coger el avión de vuelta. Llegamos temprano al aeropuerto, dejando atrás toda esa magia en una burbuja. Billetes en mano, nos vamos derechos a nuestro mostrador. Es una mañana con mucha niebla y nuestro vuelo parece ligeramente retrasado.
«Ligeramente», bonita palabra para reírse cuando te acuerdas que significó exactamente 24 horas. Madre mía, ¡hasta tuvimos tiempo de hacer unos pocos amigos! Eso es otra historia.
El caso es que yo tenía mucho tiempo. Hacía bastante que había empezado a pensar que tenía que poner por escrito unas cuantas ideas sobre mis clases de inglés. Tenía muchas ganas de tener un libro para mis alumnos que fuera sencillo, divertido y útil. Tenía que poner en orden montones de ideas. Entonces… Dejé de hacer cola, me senté en el suelo, agarré las fotocopias de algo así como una hoja de reclamaciones y un boli; y empecé a escribir una especie de índice: Preposiciones, hacer preguntas, oraciones condicionales, bla, bla, bla… Conseguí acordarme de más de 50 cosas. ¡No estaba mal para empezar!
Por entonces yo quería hacer esquemas. Siempre he pensado que los esquemas eran más útiles para mis alumnos que las explicaciones abstractas que encuentras normalmente en los libros de gramática. No estoy en contra de ellas. Me gustan. Soy licenciada en filología inglesa, pero la mayoría de mis alumnos no tienen interés en la gramática. Por desgracia, algunos de ellos ni siquiera tienen interés en nada. Por eso, siempre he intentado explicar las cosas de la manera más sencilla posible. Se me ocurrió una idea: En vez de esquemas, los temas se podrían explicar con dibujos. Por cierto, eso de los dibujos y las fotos en los libros…
No, a los adolescentes no les atraen las fotos de los teléfonos móviles de sus libros de inglés. No. Esas imágenes tienen por lo menos un año. Un año, en términos de tecnología, significa vintage. Y a estos chicos y chicas no les interesan los cachivaches antiguos. Somos profesores, ya es bastante difícil mantenerse al día con ellos en tantas cosas… Pero hay algo que siempre funciona: El amor. No quiero sonar cursi, es la pura verdad. Si odias a tus alumnos un día solamente, ellos harán que ese día sea el peor de tu vida. Si los tratas con cariño, todo será mucho más fácil… Escúchales. Entiende por qué piensan como piensan. Y así, tú también estarás de acuerdo en que hacen falta buenos dibujos y fotos en sus libros.
Pensé en un buen amigo mío. Es un ilustrador genial. A lo mejor le interesaría trabajar conmigo codo con codo. Yo podía hacer bocetos de mis ideas y él las dibujaría en condiciones.
¿Sabes el cuento del granjero chino que decía «Buena suerte, mala suerte, quién sabe»? ¿Te suena? Pues yo le conté a mi amigo lo del libro. ¡Dijo que sí! Pero poco después tuvo que decirme que no. Las cosas se pusieron tensas entre nosotros, qué lástima. Entonces, ahí estaba yo: Un montón de buenas ideas que no podía poner en marcha porque pensaba que no podía dibujarlas yo misma.
En el aeropuerto, en el suelo, con los papeluchos en la mano, nada de esto se me podía pasar por la cabeza todavía. Nunca sabemos lo que nos viene más adelante. Mi futuro cercano estaba lleno de ensayo y error en busca de los personajes adecuados para mi libro. Me convertí en una especie de Principito diciéndole a mi familia y amigos «¿Me puedes dibujar un pajarito, por favor?» Eso estuvo divertido. Debería pedirles permiso y enseñar por lo menos algunos de ellos.
A pesar de la desesperación inicial, ahora estoy muy contenta de haberme visto forzada a tener que hacer todos los dibujos yo misma. He aprendido tantas cosas nuevas. Retomar mi vieja pasión por el dibujo ha sido una bendición.
Entonces, resumiendo mis consejos sobre cómo empezar a escribir un libro, recuerda:
- Píllate un billete de avión a Venecia y quédate tirado por lo menos 24 horas.
- Hártate de todo y coge un papel.
- Olvídate de los móviles.
- Ama lo que haces.
- Cree en ti mismo.
- Trabaja sin descanso.
El esfuerzo siempre merece la pena.

